Epilepsias Parciales Benignas de la Infancia

Epilepsias Parciales Benignas de la Infancia

 

Introducción


Existe un cierto número de síndromes epilépticos que debutan en la infancia con crisis parciales, aisladas o asociadas a crisis generalizadas, y cuyas crisis desaparecen en la edad adulta en el 90 al 95% de los afectados, incluso en el 100% en determinados casos.

La más conocida y mejor descrita de estas epilepsias benignas del niño es la Epilepsia con Paroxismos Rolándicos (E.P.R.) reconocida hace más de 20 años.

Más recientemente se han individualizado otros síndromes epilépticos que por su carácter clínico y electroencefalográfico se cree que evolucionan de forma semejante a la E.P.R.: Epilepsia con Paroxismos Occipitales y Epilepsia Benigna con Sintomatología Afectiva.

Algunos niños, con o sin crisis, presentan durante un tiempo más o menos prolongado una actividad paroxística subcontinua en el curso del sueño lento: los límites de este síndrome con las epilepsias parciales están mal definidos.

El síndrome afasia-epilepsia constituye una entidad clínica aparte en la que la evolución de los síntomas -y particularmente la afasia- no puede ser considerada como absolutamente benigna.

En los niños mayores y adolescentes puede aparecer una crisis aislada o bien crisis en salva. Son crisis accidentales que por definición no pueden ser consideradas una epilepsia.

Conclusiones


La noción de epilepsias benignas del niño es nueva. Se ha impuesto poco a poco en estos últimos años. Esto ha llevado a los epileptólogos a reagrupar otros síndromes alrededor de la Epilepsia con Paroxismos Rolándicos, también llamada Epilepsia Benigna de la Segunda Infancia.

Se puede pensar que la descripción de la E.P.R. ha destruido un antiguo dogma según el cual las epilepsias parciales estaban siempre relacionadas con lesiones cerebrales en ocasiones graves.
Al desaparecer esta creencia se han podido descubrir las demás epilepsias benignas del niño.

La descripción y reconocimiento de estos síndromes es muy importante en la práctica para:

  • Limitar los exámenes paraclínicos.
  • Informar correctamente a la familia sobre la evolución de la enfermedad y el futuro del niño.
  • Demostrar lo absurdo de algunas prohibiciones sociales en adolescentes o adultos con tales antecedentes.
  • Evitar en muchos casos un exceso terapéutico que pueda afectar al futuro socioprofesional del niño.

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