La epilepsia en el trabajo

¿Un enfermo de epilepsia puede trabajar?

Adaptación socioprofesional: Terminemos con los tabúes y la discriminación de la epilepsia en el siglo XXI

Estudios realizados sobre adaptación socioprofesional

Conclusiones

 

¿Un enfermo de epilepsia puede trabajar?


En las epilepsias con un CONTROL TOTAL DE LAS CRISIS se pueden llevar a cabo TODO TIPO DE PROFESIONES.

En los casos en que el paciente no tenga controladas sus crisis a pesar de la medicación, una positiva adaptación sociolaboral puede depender del tipo de crisis, del horario en que se padecen y de su frecuencia.

1. TIPO DE CRISIS.

  • Las crisis parciales sin alteración de la consciencia, o con una pérdida tardía de ella, son menos problemáticas que las que conllevan pérdidas de consciencia bruscas.
  • Las crisis convulsivas tónico-clónicas son más dramáticas que las parciales con automatismos sin caída o las ausencias. La imagen que proyectan todas ellas suelen acarrear al paciente consecuencias negativas en el trabajo por parte de sus jefes y compañeros de profesión.
  • 2. HORARIO.

    En muchas ocasiones las crisis se producen exclusivamente al poco tiempo de despertar o durante el sueño, por lo que la disponibilidad laboral no se ve comprometida.

    3. FRECUENCIA.

  • Las crisis frecuentes son más invalidantes que las crisis raras o excepcionales.
  • En caso de sobrevenir crisis a lo largo de la jornada laboral, las más problemáticas son las que cursan con alteración de la consciencia, por breves que sean, y las que provocan la caída del paciente.
  • En estas situaciones SÓLO se deben valorar los riesgos derivados para el enfermo o para terceras personas: manejo de maquinaria móvil mal protegida, agentes químicos o depósitos de agua no protegidos, de fuego no vigiliados, de hornos y planchas calientes, trabajos sobre vehículos o alturas sin protección, manejo de piezas frágiles o valiosas y emplazamientos laborales muy aislados. En estos casos hay profesiones desaconsejadas o prohibidas: piloto de avión, conductor profesional, guardia de seguridad, militar, bombero, submarinista, etc.

    Aunque el trabajador sufra alguna crisis a lo largo de la jornada laboral no significa de ninguna manera una minusvaloración de sus capacidades para desempeñar su puesto de empleo. Tras declarar que se tiene epilepsia o sufrir una o varias crisis en el trabajo en las empresas se revelan muchos tópicos discriminatorios que deben eliminarse: problemas mentales, pérdida de aptitud, capacidad y cualidades en el trabajo, etc., que acarrean en el trabajador nefastas consecuencias.

    En los enfermos con crisis frecuentes, las posibilidades de conseguir o mantener un empleo son escasas. En general, es debido más a la reacción de los presentes ante la crisis y la falta de conocimiento sobre la epilepsia que al propio impedimento que suponen éstas.

     

    Adaptación socioprofesional:

    Terminemos con los tabúes y la discriminación de la epilepsia en el siglo XXI


    En nuestro país todavía hay muchos tópicos que deben anularse a través de una correcta información a los sindicatos, empresarios, médicos de empresa y resto de trabajadores así como a la sociedad en general. Principalmente, son los siguientes:

    1. El trabajador con epilepsia padece una enfermedad FÍSICA del cerebro NO una enfermedad mental, lo mismo que otro trabajador de la empresa puede tener una dolencia del corazón, del intestino, de la piel, de los oídos,...
    2. Muchos enfermos de epilepsia tienen POCAS CRISIS a lo largo de su vida y su repetición se puede evitar con el TRATAMIENTO ADECUADO sin que la enfermedad ni medicación interfieran EN ABSOLUTO en la realización del trabajo habitual. Por tanto, la capacidad laboral de esa persona NO queda afectada negativamente.
    3. LA FALSA CREENCIA de que las crisis son siempre frecuentes, cuando sólo una minoría de ellas ocurren durante la actividad laboral. En realidad el porcentaje de enfermos de epilepsia en España que no dan a conocer su dolencia en la empresa ni a sus compañeros de trabajo durante años es altísimo. En la mayoría de los casos, no lo harán nunca.

      ES URGENTE una adecuada información a los empresarios, trabajadores y sindicatos acerca de las crisis:

      • Aclarar e insistir que pueden ser controladas en la mayor parte de los casos.
      • Que sólo una minoría de ellas ocurren durante la actividad laboral.
      • Que la medicación correctamente prescrita no provoca efectos secundarios que incidan en el trabajo.
      • Que el número de actividades laborales limitantes es muy bajo.
    4. Pensar que la accidentabilidad y las bajas por enfermedad pueden ser habituales ha hecho mucho daño a los afectados, cuando la realidad es bien distinta: Diversos estudios han demostrado que tienen menos accidentes laborales y faltan menos al trabajo que el resto de trabajadores sin epilepsia.
    5. Los médicos de la empresa tienen miedo de los accidentes, y su actitud hacia los enfermos de epilepsia es francamente hostil. Pero, de hecho, cuanto mejor conocen las epilepsias y a los afectados, con mayor frecuencia intentan encontrar, dentro de su obligación, un lugar exento de peligro para los casos más severos.
    6. La condición de epiléptico NO requiere un tipo de seguro laboral distinto al resto de los empleados.

     

    Estudios realizados sobre adaptación socioprofesional


    Lo estudios y encuestas realizadas demuestran que:

    1. Las personas con epilepsia tienen con frecuencia un bajo nivel de empleo.

    2. Tras conocerse su enfermedad, normalmente se degrada su status profesional.

    3. Es habitual el despido o la no renovación del contrato ante la circunstancia o recurrencia de una crisis en el trabajo. De 80 empleados, 31 pierden su puesto debido a los accesos.

    4. Para algunos autores las personas con epilepsia tienen, en la mayoría de los casos, una inserción socioprofesional satisfactoria. Por lo general, se admite que el 80% de los enfermos adultos lleva una vida laboral normal y numerosos pacientes ejercen una profesión teóricamente peligrosa. Sin embargo, otros estudios demuestran que la situación es menos brillante: más del 50% de las personas con epilepsia presentan serias dificultades en su trabajo.

    Existen significativas diferencias en la adaptación socioprofesional del afectado debidas principalmente a:

  • El nivel cultural. Cuantos más conocimientos escolares y profesionales haya acumulado un enfermo de epilepsia, más posibilidades tendrá de encontrar trabajo o de no descender de puesto: Existen dificultades de empleo en el 68% de los pacientes pertenecientes a las clases poco favorecidas, y en el 38% de los que pertenecen a las clases acomodadas.

    Se comprende entonces que las epilepsias con inicio en la infancia que han alterado la escolaridad tienen un pronóstico social malo; mientras que las crisis que aparecen en un adulto que ya trabaja, especializado, tendrán menos consecuencias. Si bien las grandes administraciones rechazan el acceso de los enfermos de epilepsia, un funcionario que se "convierte" en epiléptico conservará su empleo o simplemente será cambiado de puesto, pero no dado de baja. De la misma manera, un empresario rechazará más fácilmente a un operario, que puede ser reemplazado con rapidez, que a un miembro dirigente al que necesita. De todos modos, en una sociedad como la nuestra donde el número de licenciados y especialistas cada vez es más elevado esa diferenciación entre la suerte laboral de algunos enfermos está disminuyendo vertiginosamente.

  • 5. Trabajador no es sinónimo de trabajar normalmente ni a jornada completa.

    6. Un problema que se plantean los candidatos a un puesto de empleo es si tienen que declarar su epilepsia al solicitar un trabajo. Una mayoría absoluta prefiere ocultarlo. Es evidente que el silencio va a ser la actitud que adoptará el interesado, mientras la sociedad mantenga las limitaciones para su inserción laboral.

    7. La rehabilitación de los enfermos gravemente afectados es posible pero MUY INSUFICIENTE, de forma que sólo del 40 al 47% de las personas que salen de una institución especializada -y existen muy pocas en nuestro país- encuentran un trabajo. En España todavía hay pocas expectativas de empleo para personas con alguna discapacidad física o síquica. La rehabilitación de los enfermos de epilepsia parece más difícil, más decepcionante que la de otros inválidos.

     

    Conclusiones


    1. NI EL DIAGNÓSTICO DE EPILEPSIA NI LA PERSISTENCIA DE LAS CRISIS DEBERÍAN DESCALIFICAR A UNA PERSONA PARA EJERCER UN TRABAJO REMUNERADO.

    2. DEBE RECHAZARSE LA ACTITUD DE DESPIDO ANTE LA OCURRENCIA DE UNA CRISIS EN EL TRABAJO.

    3. En la minoría de los casos, en que son necesarias restricciones para tipos particulares de empleos, tales decisiones deben tomarse mediante valoraciones justas e individualizadas, tanto de la demanda del trabajo elegido como de la persona epiléptica involucrada. De otra forma, tales restricciones son discriminatorias.

     

    En nuestra sección DESCARGA DE DOCUMENTOS podrás encontrar:
    - ¿QUÉ HACER ANTE UNA CRISIS CONVULSIVA?
    - JÓVENES Y TRABAJO
    - DERECHOS DERIVADOS DE LA CONDICIÓN DE MINUSVÁLIDO