|
|
|
|
|
En la mayoría de los enfermos de epilepsia existe un punto en común: Otro rasgo común es el siguiente: la crisis proviene del cerebro, órgano considerado por todo el mundo como frágil e imprescindible. Las crisis y su constante repetición conducen a muchas dudas,que en algunos casos sonarán absurdas pero que siguen vigentes en la sociedad actual y nadie se molesta en aclarar convenientemente: Esta repetición de descargas en nuestro cerebro, ¿puede producir un importante desgaste neuronal y como consecuencia otra enfermedad en el futuro? ¿Esta reiterada actividad eléctrica puede hacer que se pierdan capacidades físicas o intelectuales con el tiempo? ¿que algunas personas se vuelvan más torpes, retrasadas, locas o paralíticas? Controlar la epilepsia obliga a la ingesta prolongada de medicamentos. Se tiene miedo de no poder prescindir de ellos, de estar drogado, de sus ya conocidos efectos secundarios y de los desconocidos a largo plazo... Muchas crisis se acompañan de una amnesia del acceso, es decir, el paciente SÓLO sabe de sus crisis lo que le cuentan las personas presentes. No las comprende, ya que en esos momentos no ha sentido nada. Puede incluso negarlas, actitud nada excepcional. Cuando recuperan la consciencia, muchos enfermos sí intuyen que acaban de sufrir una crisis por un intenso y característico dolor de cabeza, un agotamiento extremo que les conduce al sueño, grandes dolores musculares, heridas en el interior de la boca, incontinencia, etc. Otros pacientes pueden recordar una primera sensación que reconocen como antecedente de un posible ataque y que suele ser siempre similar. Por último, también hay personas que saben que están sufriendo una crisis aunque pierdan la consciencia (total o parcial) de su entorno: tienen percepciones conocidas que, en la mayoría de los casos, no pueden describir tras terminar el acceso. Se evaporan de su consciencia. Pueden ser acompañadas de automatismos. Al paciente se le añaden otras inquietudes: ¿Quién le ha visto? ¿qué ha hecho mientras estaba inconsciente? ¿qué ha podido escapar al control de su consciencia? Las crisis convulsivas y las acompañadas de movimientos automáticos complejos son particularmente ansiógenas para el enfermo. Como dijo Bouvard en L´epileptique et les altres (1974): La actitud del entorno influye mucho sobre el paciente: Se despierta rodeado de caras sobrecogidas, espantadas, ¿puede quedarse impasible cuando escucha que daba miedo verlo en ese estado... o que parecía cercano a la muerte... o a la locura? Por último, no porque una persona esté libre de crisis (los fármacos las han controlado) está libre de los prejuicios que rodean a esta enfermedad. La mayoría absoluta de pacientes en estas circunstancias también ocultan su epilepsia ya que temen la actitud negativa de la sociedad. El enfermo suele reaccionar ante esta situación con los mecanismos de defensa utilizados en una AGRESIÓN. 1. REGRESIÓNEs víctima de la enfermedad (crisis, fármacos, incomprensión) y de los prejuicios. Permanecerá en un estado pasivo, de dependencia, de sumisión a su familia, a su médico, a la sociedad. Se sentirá incapaz de salir adelante por sí mismo. 2. NEGACIÓNActúa como si hubiera un error de diagnóstico, como si su enfermedad no existiera. Disminuye o ignora el tratamiento y busca situaciones peligrosas en el trabajo, hobbies o deportes, aquéllas en las que padecer una crisis tenga más posibilidades de producir una desgracia. 3. DESPLAZAMIENTO
|