Calidad de vida del paciente con epilepsia

 

La calidad de vida del paciente con epilepsia depende del control de sus crisis y los efectos secundarios de la medicación.
Los sufrimientos no sólo son físicos sino que las barreras impuestas en su vida laboral y personal suelen acarrear serias consecuencias psicosociales.

NUESTRA CALIDAD DE VIDA PUEDE MEJORAR SIGUIENDO UNAS REGLAS ESENCIALES:

  1. Cumplir el tratamiento que ha establecido el médico. Si el especialista no responde a tus inquietudes ni hace un seguimiento responsable, se debe -siempre que sea factible- cambiar de médico o consultar a otros neurólogos. No conformarse con respuestas superficiales o tópicas ni con un tratamiento inadecuado que haya empeorado considerablemente tu calidad de vida.
  2. No tiene ningún sentido obsesionarse con un horario estricto en la toma de la medicación. Permitirse tranquilamente un margen de tiempo adaptándolo a las circunstancias diarias.
  3. Dormir de 7 a 9 horas diarias. Si se va a trasnochar, es aconsejable echar antes una siesta.
  4. Beber alcohol con mucha moderación.
  5. No tomar drogas.
  6. Olvidarse definitivamente de prohibiciones desfasadas como no consumir tabaco, cafeína (café, coca cola,...), chocolate, conservas, embutidos, picantes, etc. Está demostrado que NO provocan crisis.
  7. Llevar una dieta sana y practicar regularmente deporte.
  8. Evitar las situaciones prolongadas de estrés.
  9. Informar con normalidad de tu situación a las personas de confianza y apoyarte en ellas en los momentos necesarios. Ser adulto no significa ser invulnerable.
  10. A pesar de la incomprensión y de los reveses que puede acarrear la epilepsia (laborales, sentimentales, etc.) intentar no aislarse socialmente: practicando aficiones, siguiendo las terapias necesarias, etc.

 

No nos cansaremos de recordar que la sobreprotección de los progenitores sobre el hijo que padece epilepsia influye de manera negativa especialmente en su calidad de vida. Aunque sus crisis estén bien controladas, hay padres que llevan la enfermedad muchísimo peor que el propio joven y no le permiten hacer una vida normal tanto en la escolaridad como en los juegos por miedo a que sufra una crisis. En la adolescencia no dejan que habitualmente salga a divertirse con sus compañeros ni que vaya de viaje de estudios o al extranjero. Esta actitud suele motivar que su hijo se haga introvertido, se quede progresivamente sin amigos y no sepa relacionarse normalmente con la gente. Del mismo modo que si tiene hermanos y ve que ellos hacen cosas que a él le prohíben por su epilepsia puede sentirse injustamente discriminado.

Este error es cometido por los padres con bastante frecuencia y debería ser al contrario: tienen que pensar que sus hijos DEBEN DISFRUTAR DE LA VIDA TODO LO QUE PUEDAN, RELACIONARSE CON LA GENTE, APRENDER A SER RESPONSABLES E INTENTAR BUSCAR SU FUTURO SIN DEPENDER SIEMPRE DE SUS PROGENITORES.

DEBEN ASIMILAR CON NATURALIDAD QUE SI LES DA UNA CRISIS FUERA DEL HOGAR NO PASA NADA.