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Una vez que queda claro que un paciente tiene una epilepsia fármaco-resistente (mal control de crisis pese a haber probado varios F.A.E.), es hora de considerar otros tratamientos. Tardan tiempo en llevarse a cabo y en hacer efecto, y no se pueden aplicar a todos los pacientes. Uno de ellos, principalmente utilizado cuando no se puede operar, es la estimulación vagal. Se trata de un marcapasos que se inserta en el pecho, debajo de la piel (como el marcapasos cardiaco). Los electrodos de este diminuto equipo electrónico se conectan al nervio Vago, que discurre por el cuello y que acaba directamente en el cerebro. El marcapasos “siente” que va a desencadenarse una crisis y manda a su vez una corriente eléctrica por el nervio Vago para impedirlo. Cada dos años hay que cambiar la pila. Puede producir efectos secundarios como alteraciones de voz, dolor de cuello, arritmias cardiacas. Su efectividad en el control de las crisis es irregular, no está bien conocida debido a la falta de estudios. |