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La característica fundamental del E.E.G. intercrítico de la Epilepsia Alcohólica es la de no presentar paroxismos o presentarlos excepcionalmente. El trazado puede ser perfectamente normal; de hecho, la actividad de fondo está con mayor frecuencia alterada, irregular, polirrítmica, con microvoltaje, asociada a ritmos rápidos o a ritmos theta en la mitad anterior de los hemisferios, con numerosas manifestaciones oculares, musculares o sudorales. Estas anomalías no específicas se hallan con igual frecuencia en los alcohólicos crónicos no epilépticos. En menos del 10% de los casos se encuentran grafoelementos paroxísticos, mientras que son excepcionales las descargas de punta-ondas o de polipunta-ondas. Según numerosos autores, la E.L.I. en el alcohólico crónico –con o sin crisis– facilita la aparición de descargas de puntas y de polipunta-ondas asociadas a mioclonías oculares o de los miembros superiores, que constituye en ocasiones verdaderas crisis epilépticas. En el 33% de los casos, el sueño hace aparecer anomalías paroxísticas: en especial, muestra una mala organización del sueño (privación cuantitativa y cualitativa), que indica un cierto grado de afectación del sistema nervioso central, probable responsable de la crisis epiléptica.
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